domingo, julio 10, 2005

"Lo que necesito para levantarme el ánimo es..."

Hace un par de meses estuve un poco deprimida y mi mejor amiga quiso ayudarme invitándome a pasar el fin de semana en su casa aprovechando que sus padres iban a estar de viaje. Yo acepté con gusto. Mi amiga tiene un hermano un año menor que ella (y dos menos que yo) y fué una agradable sorpresa la que me llevé al llegar a su casa y saber que él no se había ido con sus padres de paseo, por lo tanto, iba a pasar con nosotras el fin de semana. Es un muchacho encantador, de esos muy atentos que te hacen el desayuno y te ceden el control remoto y los cojines del sofá. Siempre me gustó su carita angelical y me fué gustando cada vez más cuando lo veía y comprobaba los resultados de tantas horas de gimnasio sobre su cuerpo.

Noté cómo saltaron chispitas de picardía cuando nos abrió la puerta y se ofreció a ayudarme llevando mi mochila hacia la habitación. "mucho cuidado que te conozco" fué lo primero que pronunció mi amiga percatándose de todo. Y yo no hice otra cosa que sonreir...
Esa misma noche nos quedamos hasta tarde viendo películas por el cable, mi amiga se quedó dormida en el sofá, él me preguntó si tenía frío, no tenía pero le respondí que sí, entonces él me dijo que si me sentaba en el suelo con él a lo mejor podría hacer algo para calentarme... me senté a su lado y él me rodeó con sus brazos, así permanecimos un rato hasta el final de la pelicula mientras él me acariciaba con su dedo pulgar, de arriba a abajo, mi hombro izquierdo... durante los créditos nos besamos un par de veces, sus manos suaves y cálidas empezaron a recorrer mi espalda, mis pechos, nos estabamos dejando llevar por los instintos... pero su hermana continuaba roncando en el sofá y en un pequeño momento de lucidez y lealtad para con ella, decidí parar y decirle que no quería que se despertara y nos encontrara así. Él lo comprendió, me dió un beso en el cuello y se subió a su habitación.

A la mañana siguiente, después del desayuno, hablando de muchas cosas con mi amiga, ella en un gesto solidario me preguntó qué podía hacer para que yo me sintiera mejor, no me pude resistir y le conté lo que había sucedido la noche anterior y terminé confesándole: "lo que necesito para levantarme el ánimo es a tu hermano". Se quedó en silencio por unos segundos... luego dijo está bien, me voy de compras todo el día así que aprovéchalo... y sin más, se marchó dejandonos solos.

Él estaba en la ducha y yo decidí acostarme sobre su cama a esperarle... cuando salió y me vió, cerró la puerta de la habitación y se sentó a mi lado. Comenzó a tocarme suavemente la cara, rozó sus dedos por mi frente, mis párpados, mi naríz... rozó mis labios y entonces dejé que ellos se abrieran, metió sus dedos en mi boca y yo comencé a chuparlos...
Se inclinó sobre mi y empezó a besarme, ya estabamos excitados, podía sentir su miembro duro sobre mi entrepierna, la temperatura de nuestros cuerpos subía y subía, estabamos hirviendo, locos de deseo por comernos el uno al otro.

Me estorbaba la ropa, me estorbaba su toalla, nos desnudamos y yo dejé que él se tendiera sobre la cama boca-arriba, con su mástil erecto y duro apuntando hacia el cielo... lo tomé entre mis manos y quise acariciarlo sutilmente como si lo hiciera con una paloma herida, le besé la cabeza rojiza y henchida, lo lamí desde abajo hasta arriba, le lamí los testículos, la metí y saqué de mi boca más de una vez y bebí del jugo que brotaba desde sus entrañas...

Después subí por el surco de su ombligo, sus abdominales bien marcados, sus pezones, su cuello, llegué a su boca y metí mi lengua entre sus dientes, la entrelacé con la suya, nos mordimos los labios... él me tomó por las manos, se puso encima de mí y así, inmovilizándome, empezó a lamerme los senos y el cuello... no podía más, necesitaba tenerlo dentro, levanté mis caderas y le susurré al oído: métemela...

Puso su polla en la entrada de mi coñito mojado y yo empujé hasta sentirla del todo dentro de mi, el empujaba también, podía notar el golpe de sus pelotas en mi culo, me la sacaba y me la volvía a meter una y otra vez, suspiraba, gemía de placer, me la empujaba con tango vigor que terminé con la cabeza fuera de la cama... y desde allí recibimos el orgasmo más intenso y placentero que una mujer "deprimida" puede llegar a tener... me corrí rasgándole la espalda con mis uñas y el lo hizo también dejando todo su esperma sobre mi ombligo y mis pechos...

Pasó su lengua sobre mi clitoris, la metio en mi vagina y bebió hasta la última gota de mi néctar, luego se tumbó sobre mí y dormimos la siesta más reparadora de nuestras vidas.